Rust, el ownership y la costumbre de confundir antigüedad con superioridad.
C tiene una historia enorme y merece reconocimiento. Pero a veces siento que se lo defiende por ser antiguo, como si llevar décadas usándose lo volviera intocable.
Que algo sea nuevo no lo hace mejor. Que sea viejo tampoco.
Rust propone algo que me parece una mejora importante: el ownership. El compilador controla quién posee un valor y cómo se presta, evitando muchos errores de memoria y carreras de datos antes de ejecutar el programa. En C, gran parte de esa responsabilidad queda en quien programa.
Por eso me hace sentido que Rust llegara al kernel de Linux. Su soporte inicial entró en Linux 6.1, en 2022, para evaluar si sus ventajas compensaban sus costes. No para borrar C de un día para otro.
Integrarlo tiene dificultades reales: mantener las interfaces entre ambos lenguajes, revisar el código unsafe y coordinar cambios. Eso merece una discusión técnica.
Pero en 2025, Christoph Hellwig comparó la expansión de esas interfaces con un cáncer. Y ahí me pierde la discusión.
Puedes cuestionar una tecnología sin tratar así a quienes trabajan en ella. Tampoco me convence el fanatismo de reescribir todo en Rust, pero usarlo como excusa para despreciar una mejora es igual de flojo.
A mí el ownership me parece un avance. Prefiero discutir sus límites antes que defender C como una religión.
Fuentes: Rust en Linux, ownership y la discusión sobre los bindings.